Cuando ves a una persona mayor con su perro en un parque es muy difícil que pase inadvertida la escena, personalmente me produce un fuerte sentimiento de ternura,  resulta muy gratificante ver a ese perro fiel, a veces tan mayor como la persona que le acompaña, totalmente acompasado a los movimientos de su amo y que se deja acariciar por esas manos agrietadas y curtidas que tanto cariño son capaces de dar. Ese gesto cotidiano es muy satisfactorio.

La repercusión de las mascotas en las personas mayores ha sido bastante analizado en numerosos estudios, el beneficio es muy alto tanto a nivel psicológico como físico. Las personas que tienen una mascota tienen una probabilidad más alta de mejorar físicamente ante una enfermedad que aquellas que no la tienen, son menos propensas a tener una depresión y su estado de ánimo, por lo general, es mejor.

Algunas instituciones están adoptando la introducción de mascotas en sus centros por el importante beneficio que tienen entre los residentes.

Además, la mascota en algunos casos, si es un perro, te ayuda a socializar y realizar una actividad física diaria; favorece y es la excusa perfecta para realizar ese ejercicio de cada día. Las personas que sacan a sus perros al parque tienen la posibilidad de intercambiar anécdotas con otros usuarios y ampliar su círculo de relaciones. Es muy frecuente coincidir tanto en el mismo espacio como en la hora.

No sólo perros o gatos son las mascotas idóneas para una persona mayor, hay otros animales de compañía que no son tan exigentes pero que aportan un beneficio positivo; eso sí, si se toma esta decisión conviene adaptar la mascota a las posibilidades de la persona, de forma que encaje en sus gustos y posibilidades, y que no suponga una tarea poco atractiva.