En mi entorno familiar mi abuela tuvo Parkinson y no había los tratamientos que hay hoy en día; en la actualidad mi madre fue diagnosticada durante más de 8 años con temblor ortostático, es un movimiento involuntario que se produce fundamentalmente al estar de pie y quieto, si estás en reposo, tumbado o sentado los síntomas son muy bajos o inexistentes, es muy poco común esta enfermedad y según diversos estudios afecta en mayor proporción a mujeres.

Durante este tiempo mi madre ha estado tomando una medicación que no le ha mejorado su situación. Hace unos meses cambio de especialista, el nuevo médico nos sorprendió diciendo que le iba a ir mucho mejor con dopamina, el típico medicamento antiparkinsoniano, neurotransmisor importante para la función  motora del organismo. Me llamó la atención muchísimo que un especialista de alto nivel durante tantos años no tuviera la duda de probar con este medicamento antiparkinsoniano, y en una nueva consulta médica surja tan claro el cambio. Los gurús de la medicina nunca dejarán de asombrarme. De momento parece que esta nueva medicación le está yendo mejor.

En este tipo de enfermedad es importante mantener una vida tranquila así como tus ocupaciones y actividades diarias, una gimnasia moderada, al menos un par de veces en semana es muy recomendable, no tener alteraciones psicológicas ni estrés, sin sobresaltos, respetar las horas de sueño, estos son algunos aspectos que afectan especialmente a las personas con Parkinson, un mal descanso o una mala noche repercute negativamente al día siguiente a las personas con esta enfermedad.

Es cierto que el diagnóstico de Parkinson te puede resultar como una losa pero dentro de las enfermedades neurodegenerativas no es tan devastadora como el Alzheimer, la demencia frontotemporal u otras de calado similar. Es una de las visiones que tenemos que recordar y que nos ayudará a relativizar nuestra situación. Nada que ver, eso  fue lo que le dije a mi madre cuando me preguntó si era peor el Parkinson o el Alzheimer.