La prolongada intervención de los cuidadores no profesionales dedicados al cuidado de un familiar produce un enorme desgaste en el tiempo. Estas personas soportan un alto nivel de carga emocional y física que repercute muy directamente en su vida familiar, de pareja, tiempo libre, en sus relaciones sociales… El desgaste producido por una actividad repetitiva y constante, las cargas físicas sin tiempos de respiro, día tras día, sin fines de semana o vacaciones son el denominador común de una situación altamente estresante.

El rol de la persona cuidadora, a veces, adquiere un protagonismo tan extenso que quebranta seriamente su propia salud, se ven alterados los periodos de descanso, de alimentación, se descuida la propia actividad física; de repente la persona que cuidan constituye el epicentro de su vida.

Es necesario sensibilizar al cuidador/a que no puede ser el único apoyo de la persona dependiente y que se tiene que recurrir a otras alternativas, como los centros de día o la solicitud del servicio de ayuda a domicilio dónde la persona de apoyo acude una serie de horas seguidas o alternas en los momentos que se necesitan para las principales actividades básicas de la vida diaria.

La persona que cuida necesita estar informada, conocer bien las necesidades de la persona dependiente, elegir alguna asociación u organismo especializado en la patología de la persona dependiente. En estas entidades existen grupos de apoyo mutuo donde te puedes informar y asesorar sobre qué hacer, cómo actuar y qué medidas son las más adecuadas ante cada caso.

El intercambio de información no solo constituye en sí algo terapéutico, facilita conocer otras situaciones similares, ayuda a suavizar y matizar la propia experiencia, te aproxima a nuevos hábitos, otros escenarios que se olvidan y son necesarios; es probable que estos cambios te aproximen a la idea: cuidarme para cuidar a mi familiar.